¿A cuántos nos gustaría que los personajes que un escritor no hace conocer sean reales?
Espero les guste.
Un abrazo para todos.
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SOÑANDO CON QUIROGA
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SOÑANDO CON QUIROGA
AUTOR: ENRIQUE DI BAGGIO
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Él la sedujo....Como a ella le gustaba. Como a cualquier mujer le gustaría. Caballero, amable, inteligente, sincero, dulce, así es Adalberto…Adalberto Quiroga… De profesión, comisario y jefe de homicidios de la Policía Federal. En la vida mundanal, un maduro seductor. Carla se sintió atrapada en sus “redes” y sintió que había encontrado al hombre soñado. Y sí, soñado, porque no era real, así lo soñó luego de leer un personaje inventado por un ignoto autor. El despertar la encontró con un sabor dulce por lo vivido… ¡Lo sintió tan real! Volvió a releer mil veces ese personaje inventado. Pasó a ser parte de su vida, como si existiera. ¡Esa es la magia de la escritura! Se dijo sí misma.
En la vida real y terrenal, Carla, tenía un vecino que la intentaba conquistar con regalos y frases dulces algo cursis. Ella no es una mujer simple de alcanzar…Sabe de su valía y tiene gustos refinados. Pero el sueño con ese personaje irreal había preparado su mente, sin que ella lo supiera, a encontrar un “Pequeño Quiroga” viviente. El hombre acechaba sin molestar, y empezó a ser mirado con ojos de quien estudia algo que, quien sabe algún día, compra. Le resultaba simpático y se sentía halagada. Mujer de decisiones pensadas, le sonreía cada vez más a los halagos. Reconoce que varias veces en el día pensaba en él. Y varias veces en el día releía a Quiroga. Iban de la mano. ¿Por qué no? ¿Será lo que parece? Así se preguntaba sobre el galán.
Un día…Un aciago día…Carla volvió corriendo de la calle y se abrazó, sí, se abrazó al papel donde aquel autor había escrito el querido personaje. No se había vuelto loca. No. Es que la realidad no está escrita, no es algo que sale de la imaginación inspirada de alguien. Es cruel y la que tenemos que enfrentar todos los días.
Las sirenas de los autos policiales sonaban. Los vecinos salían a ver el espectáculo. La imagen que vio Carla la hizo volver, rápidamente, al mundo de los seres vivos que arrastran sus bajezas. El vecino galante salía esposado, con la cara pintada de rouge como una bataclana de los años 30, una peluca rubia, los ojos desorbitados, tapado con una sábana que igual dejaba ver, ante el descuido del policía que lo llevaba, un corpiño rojo. Detrás de él, un séquito de hombres y no tan hombres, mujeres , travestis…Serían como diez, que iban desfilando en estado pornográfico. Un remisero, conocido de Carla, hombre sabio por su simpleza, le dio el broche final al espectáculo: “Algún día se iban a pasar de rosca en esa casa” ¿Por qué? Pregunta Carla ingenuamente. “ El dueño es un fiestero… Travas, hombres, mujeres, falopa… De todo…No le hace asco a nada…¿No sabía señora?” No, contestó ella casi sin voz, y se fue sin despedirse.
Se refugió en su lectura…el golpe había sido duro. ¿Cómo pudo pensar que…? Se lavó varias veces las manos, y se refrescó su rostro. Se sintió sucia sin haber tocado. Por suerte estaba Quiroga, esperándola tal cual como lo había conocido. Se durmió con el cuento al costado de su almohada…Y volvió a soñar con él. Al fin y al cabo, su mente no estaba presa de la realidad y todavía podía volar y trasladarse de la mano de él…De Adalberto Quiroga.
Fin.